Exdirectora del colegio Liceo Trujillo muere asfixiada en su casa

Una docente de 84 años de edad, que además llegó a ser directora del colegio Liceo Trujillo, murió la noche del miércoles en su vivienda, asfixiada por el humo de una silla que ardió en llamas.

Su nombre era Doraliza Magdalena Palacios Piscoya y, según sus parientes, también se desempeñó como profesora de Biología en el Santa Rosa.

El fatídico hecho tuvo lugar en la cuadra 1 de la calle Caquetá, a espaldas del cementerio de Miraflores. Cuentan los vecinos que, hace algunos días, el foco de la habitación de Doraliza se quemó, pero ella decidió no cambiarlo.

Varios se acercaron a su vivienda para ofrecerle ayuda, pero la docente insistió en dejar el bombillo inservible en su lugar; no permitió que entren en su casa (en donde, dicho sea de paso, vivía sola, pues nunca se casó ni tuvo hijos).

Aseguran los testigos que, debido al percance, empezó a alumbrase con velas, las cuales dejaba en una silla de madera junto a su cama.

LOS RECUERDOS 

El miércoles, alrededor de las ocho de la noche, Doraliza se dispuso a descansar. Entonces encendió la vela para entrar al dormitorio, la dejó como siembre sobre la silla y se recostó en la cama.

En sus manos tenía un álbum familiar antiguo, en donde aparecían sus padres y otros parientes cercanos. Tal vez la imagen de ambos fue lo último que vio antes de morir. De pronto se produjo el accidente. Aunque no se sabe la hora exacta, sí se ha podido deducir el modo en que ocurrió: la vela cayó y lo que hacía un instante era una llama pequeña se convirtió en segundos en una lengua de fuego que envolvió por completo la silla.

El mueble ardió en llamas y el humo inundó la habitación. Se presume que, para entonces, Doraliza ya se había quedado dormida, pues la encontraron sobre su cama, y con el álbum aún en las manos.

TRÁGICO HALLAZGO 

Como ya mencionamos, Doraliza Palacios vivía sola. Sin hijos ni esposo, eran sus sobrinas quienes solían visitarla con frecuencia para ver si se encontraba bien. Y anoche llamaron una vez más a la puerta de la casa, pero la anciana no contestó.

Tocaron varias veces y la respuesta fue la misma en todas ellas: un silencio sepulcral. Temiendo lo peor, llamaron a un cerrajero para que las ayude a abrir. Pero cuando por fin entraron, ya Doraliza había muerto.

El golpe fue duro para ambas, así como para los vecinos, que sentían bastante aprecio por la docente.

Poco después llegó la policía y constató el hallazgo. También se hizo presente un fiscal, que luego de las diligencias, ordenó el levantamiento del cadáver y su inmediato traslado a la morgue.

A Doraliza le gustaba vivir sola. En más de ocasión, sus sobrinas le pidieron mudarse con ella para así poder cuidarla, pero se rehusaba. Era una mujer independiente. Y lo fue hasta el último día de su vida.

 

(fuente: satelite.pe)

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