Las excusas más habituales para dejar de hacer ejercicio (y trucos para no tirar la toalla)

“En los últimos 20 años, me he perdido tres entrenamientos y en las tres ocasiones estaba demasiado enfermo para moverme,” señala el entrenador personal y coach de salud Robert S. Herbst. “No hay excusa para no hacer deporte”, asegura. Claro que no todos tenemos la misma fuerza de voluntad de Herbst quien, entre otras cosas, ha sido campeón del mundo de levantamiento de pesas 19 veces y se sobrepuso a la escoliosis que le persigue desde niño. Pero podemos intentar imitarlo.

Para empezar, es importante saber que no estás solo. La meta más popular que se proponen las personas está relacionada con el ejercicio: un estudio publicado el año pasado muestra que unos 50 millones de estadounidenses tuvieron como meta de año nuevo mejorar su forma física (la otra gran promesa que solemos hacernos a nosotros mismos al final de año es perder peso). Sin embargo, menos del 10% consiguen llevar este propósito adelante pasados unos meses.

Primer paso: sé realista

“La principal razón por la que la gente no mantiene sus resoluciones es que piensan en demasiadas, o que son demasiado difíciles de alcanzar”, dice Mark Griffiths, profesor de la Universidad de Nottingham (Gran Bretaña) y experto en adicciones. Griffiths se refiere al llamado ‘síndrome de la falsa esperanza’, que no es otra cosa que engañarse a uno mismo en lo que respecta a la velocidad o facilidad de cambiar un comportamiento.

La mayoría de las veces no hace falta –o no es muy realista– pretender completar una maratón. Es suficiente con incorporar el ejercicio a la vida cotidiana, algo muy efectivo. Numerosos estudios prueban que incrementar el tiempo en el que te mueves cada día paseando al perro o subiendo las escaleras en lugar de usar el ascensor reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares. De hecho, las personas que viven en la ciudad y que tienen que trasladarse caminando, en bicicleta o en transporte público están en mejor forma que los que viven en las afueras y conducen para ir a trabajar.

Segundo paso: visualiza tu objetivo

En algunos casos puede resultar muy apropiado marcarse un objetivo que sirva como recordatorio de lo que queremos conseguir. Esta es la recomendación de Nathan DeMetz, entrenador personal y coach de salud. El recordatorio ha de ser tanto literal como figurativo.

En el primer caso, una fotografía sirve. Por ejemplo, si alguien tiene por objetivo participar en una carrera, puede poner fotografías o publicidad del evento deportivo en un lugar muy visible. La visualización interior es incluso más importante, señala DeMetz. “La persona necesita imaginar qué necesita hacer para alcanzar el objetivo, cómo se sentirá cuando lo alcance y utilizar estas cosas como un recordatorio.”

La principal dificultad es conseguir que el ejercicio forme parte de tu rutina. Hacer del deporte una actividad social y divertida es lo idóneo (pero no siempre posible). Herbst, por su parte, recomienda escribir frases motivadoras y colocarlas en lugares visibles, como el espejo del cuarto de baño.

Otro truco es establecer un compromiso irrevocable con uno mismo, y pensar que nada es más importante que tu salud y que el ejercicio debe ser una prioridad. “Si tienes un gran proyecto en el trabajo, vete al gimnasio después. Si tienes una reunión hasta tarde, vete al gimnasio temprano por la mañana. Siempre puedes encontrar tiempo”, señala el entrenador.

Tercer paso: evita las excusas

Salvo que seas un marciano, habrás utilizado las excusas de aquí abajo millones de veces. No es un problema, siempre que seamos conscientes del poder de esa vocecita para arrastrarnos y esquivar lo que de verdad nos conviene. Lo sabe muy bien Leo Babauta, el autor de ZenHabits que, con seis hijos a cuestas, se las apaña para llevar adelante sus proyectos. Esta es una versión inspirada en la de Babauta de las principales excusas que ponemos para sabotear nuestras mejores intenciones:

  • No soy capaz. Cuando algo cuesta, es fácil caer en la tentación de pensar que no podemos con ello. Dejamos entonces de creer en nosotros mismos. Una manera de sobreponerse es recordar el ejemplo de otras personas con características parecidas a las nuestras que sí lo consiguieron. El mundo está lleno de personas que realizarongrandes hazañas: comenzaron a correr maratones a los 60 años, escalaron montañas con una sola pierna o incluso hicieron escalada en silla de ruedas.
  • La vida es para disfrutarla. Con este pretexto se justifican todo tipo de conductas malsanas. “Disfruta de la vida, no vayas a sufrir al gimnasio/ cómete esa hamburguesa gigante/ese pedazo de pastel”. Pero resulta que puedes disfrutar mucho más de la vida sin comer o beber productos insanos, o incurrir en otras conductas dañinas -cada uno tiene sus favoritas- que proporcionan satisfacción durante unos momentos para después contribuir a nuestro malestar.
  • Puedo hacerlo más tarde. Cierto, pero ¿acaso te sentirás de otra forma más tarde? ¿Por qué vas a ser diferente después? De hecho, es posible que si te permites a ti mismo deslizarte por la pendiente del “más tarde”, estés alimentando el hábito de procrastinar.
  • Una sola vez no hace daño. Tentador. Sin embargo, las personas realmente comprometidas, como es el caso de Herbst, explican que no dejan su entrenamiento ni un solo día porque corren el riesgo de que esa vez se convierta en dos, o tres, o cuatro. Una sola vez conduce a otra sola vez.
  • No me provoca. Y punto, podríamos agregar, en una extensión del anterior “una sola vez”. Pero seguimos esta máxima y nos dejamos guiar por nuestros estados de ánimo fluctuantes y caprichosos quizá nunca lleguemos a construir nada de valor.
  • Estoy cansado. Hay un momento para descansar, y es necesario parar y reponerse. Es importante, no obstante, diferenciar el cansancio del cuerpo (que no engaña) con el “no me apetece” o con toda la retahíla de excusas anteriores.
  • El resultado no es tan importante. Es fácil observar cómo esta excusa se cuela en muchos aspectos de la vida y lleva a que muchos comencemos una cosa tras otra sin decantarnos, de verdad, por ninguna. El resultado puede que no sea tan importante, pero el proceso sí lo es, y también aprender a continuar con lo que te has propuesto incluso cuando no te sientes cómodo/no te apetece/estás cansado.
  • Necesito mi _______ (rellenar el espacio en blanco). Si entre tu nuevo hábito de salir a correr y tú se interponen los viejos tenis de deporte, por ejemplo, sé consciente de que está hablando la vocecita experta en amontonar pretextos, esa que te anima a esperar a tener un calzado nuevo.
  • Tengo miedo. ¿Y quién no? El sabio consejo de Alicia en el país de las maravillas (“piensa en seis cosas imposibles antes del desayuno”) nos ayuda a hacernos más valientes y relativizar los retos que nos agobien, que es de lo que se trata.

(Fuente: univision.com)

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