Día de la Mujer: Ocho mujeres que hicieron historia en el Perú

Los cambios producidos en el mundo impulsados por la llamada cuarta ola del feminismo son tan evidentes como imparables. Por fin, ha quedado claro, gracias a marchas en la calle, y la reflexión al interior de los medios, que el Día Internacional de la Mujer no es una efeméride para la celebración ingenua: hoy se trata de conmemorar una lucha y de manifestar el hartazgo de las mujeres ante el machismo, la violencia de género y la desigualdad de oportunidades que en este país escandalizan.

Por cierto, gran parte de la reflexión y del compromiso con la igualdad ha provenido del campo de la cultura. Y por ello, a manera de homenaje, hemos querido convocar la memoria de ocho mujeres (jugando con esta fecha especial y con el delicioso filme del francés François Ozon) que a través de sus palabras, sus obras y su ejemplo de vida, podemos considerar pioneras modernas en la conquista de una sociedad igualitaria.

Así, décadas antes del #MeToo y de las marchas contra el feminicidio en nuestro país bajo la consigna “Ni una menos“, estas ocho creadoras supieron enfrentar una cultura machista (desde esposos abusivos hasta el ninguneo académico) para hacerse un lugar en nuestra historia.

Blanca Varela
(Lima, 1926-2009)

“Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo”, decía de su obra el mexicano Octavio Paz, a quien conoció en París en 1949. Desde Vallejo, los peruanos no habíamos sido convocados a una ceremonia de semejante ingenio melancólico y radical certidumbre. Sus versos tienen esa silenciosa sabiduría que nos alumbra y reconforta cuando la muerte nos arrebata lo más querido. Nadie como la poeta limeña ha sido capaz de decir tanto con tan despojado lenguaje.

Yma Súmac
(Ichocán, Cajamarca, 1922-Los Ángeles, EE.UU., 2008)

Jamás habrá una voz como la suya: bellísima, exótica, de enorme variedad de tonos. Presentándose como una sacerdotisa descendiente del mismo Atahualpa, la diva triunfó en musicales de Broadway. Adelantándose a su tiempo, Yma Súmac fusionó el folclor con géneros contemporáneos como el jazz, el mambo, el rock e incluso el new age. Nadie olvidará a la voz del imperio del sol.

María Rostworowski
(Lima, 1915-2016)

Investigadora de campo, estudiosa de las fuentes directas, devota del enfoque multidisciplinario, su “Historia del Tahuantinsuyu” (1988) nos liberó de la tradicional manera de enfocar la historia andina. Por fin, un estudio con perspectiva de género que devolvió a las mujeres su lugar en el poder, entregándonos personajes tan fascinantes como Mama Huaco, la primera coya, quien fundó el linaje matrilineal para acceder al poder Inca.

Chabuca Granda
(Cotabambas, Apurímac, 1920-Miami, EE.UU., 1983)

María Isabel Granda se casó muy joven, pero se divorció a los 30 años, cuando ya tenía tres hijos, debido a la oposición de su esposo a su carrera musical. Tras el “escándalo” en la pacata sociedad limeña de entonces, Chabuca Granda empezó a florecer y convertirse es nuestra mayor compositora. La vida y el repertorio de nuestra embajadora simbólica no soporta etiquetas.

Julia Codesido
(Lima, 1883-1979)

Fuerza, síntesis, rebeldía: la artista más interesante del grupo indigenista supo marcar la diferencia. Rompió con una academia artística colocada de espaldas a las luchas sociales y su credo expresivo incluyó además el cubismo y la abstracción.

María Reiche
(Dresde, Alemania, 1903-Lima, 1998)

Una fotografía de la arqueóloga encaramada en su escalera, estudiando las milenarias líneas, fue elegida por Alejandro Aravena, curador de la Bienal de Arquitectura de Venecia 2016, para invitar a los arquitectos a buscar nuevas perspectivas y soluciones sencillas para resolver los problemas sociales urgentes. Como ella lo hizo.

María Emilia Cornejo
(Lima, 1949-1972)

¿Cómo no sentirnos identificados con sus versos tiernos, culposos e insolentes? Su breve pero intensa obra introdujo el erotismo femenino en nuestra poesía con sus emblemáticos “Soy la muchacha mala de la historia” y “Tímida y avergonzada”. Se suicidó a los 23 años, en setiembre de 1972, y desde entonces su leyenda nos envuelve.

Tilsa Tsuchiya
(Supe, 1928-Lima, 1984)

El erotismo fue el tema central de sus obras, siendo los grandes amores símbolos de unidad y armonía. Una obra como “Tristán e Isolda” (1975) la consagró como una de nuestras pintoras imprescindibles. Elementos andinos, japoneses y chinos dialogan armónicamente en un mundo dominado por personajes de leyenda. (elcomercio.pe)

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